Una historia

Una receta en la almohada de tu vientre
es la metódica manera que elaboro por comerte:
esa niñez afianzada, en el fondo de tus ojos, verdes.

Una batalla de poeta sin palabras
es la retórica sincera que elaboro porque abras:
esas puertas afincadas, en la casa de tus piernas, largas.

Como largos son mis versos, frente a tus duros bostezos,
e inmaduros cuales besos, te despiertan y me amargas...
Como amargos son mis labios, frente a tus duros herbarios
e inmaduros cuales sabios, te despiertan porque piensan
que llegarán a ver los sueños de ser dueños y amos
de la tierra que da vida, pues por eso te plantamos...

Con las manos que gobiernan tu pistilo arrugado
con la lengua que se inverna en el fondo de tu boca
yo crei nacer idiota pero estaba equivocado
sólo me he convenzido por pasar tanto a tu lado
Ahora quítate la ropa que estás rota en el espejo,
de mis ojos, de mi sabia, de mi luz, de mi entrecejo
de lo lejos que nos quedan los edenes naturales
los vaibenes del desierto, los gozos artificiales.

Y de amor sólo por cuerpo
he terminado asfixiado
por la manta de tus besos
por la piel de tu pecado.

Fernan Hidabe - 18-01-04